Lo que en la U no aprendemos de la comunicación….

Lo que en la U no aprendemos de la comunicación….

Me pidieron dar una charla a comunicadores en proceso de formación universitaria acerca de qué ha significado para mí esta profesión.
Me imagino a un grupo de estudiantes interesado en saber hacia dónde lanzarse con la comunicación metida en su bolso, así como yo escuché con interés a Claudia Feldmar, que llegó en aquella oportunidad a la Universidad, en mi primer año de la “nueva” carrera, “comunicación social”. Yo formaba parte del segundo año de la recién creada licenciatura. Me antecedían compañeros que hoy son reconocidos comunicadores.

Hoy, 28 años después, me pregunto ¿Qué he aprendido? ¿Para qué sirve realmente la comunicación? A medida que pasa el tiempo, siento que las lecciones se vuelven más básicas, aunque los métodos sean cada vez más complejos.
A primera vista, es muy fácil hablar de la comunicación, porque solo se necesita boca para referirse a ella. He visto cómo a la comunicación se le piden milagros de percepción, cuando los problemas son de administración o de falta de planificación. A la comunicación se le confunde con información. Muchas veces los comunicadores somos requeridos para cosechar manzanas cuando el árbol, ya crecidito, no puede dar más que olmos.
Pero más allá de las falsas concepciones que las personas tienen de la comunicación, éstas son las lecciones que la vida me ha enseñado sobre la comunicación:
• Los problemas de comunicación se reducirían a más de la mitad si los principios y los valores básicos fueran compartidos por más personas. Más de la mitad de los casos de comunicación que vemos en la empresa tienen que ver con superar retos de escepticismo, falta de confianza o intereses creados por encima de los valores básicos de la verdad y la honestidad. Es triste concluir que se pierde demasiado tiempo en mitigar estrategias de desprestigio, cuando hay todo un país que apoyar en sus tejidos de confianza, en sus oportunidades y su construcción de visión.
• La comunicación requiere ante todo, una vocación de servicio; exactamente igual que la de un médico. Si se quiere hacer un buen trabajo, no hay horarios. Se atiende cuando el paciente lo requiere, porque las crisis no avisan. Se vive, se goza y se sufre al lado de quien nos ha llamado. La comunicación requiere actitud, pasión para trasladar conceptos, paciencia para vencer prejuicios.
• La comunicación es un arte. Al igual que un pastel de chocolate, puede salir crudo, cocido o tostado. Lo mejor es que ocurra en el mejor momento. La ración tiene que ser la ideal: ni tan poco que pase desapercibido ni tanto que empalague y caiga mal. A veces puede más un silencio que una palabra, una llamada más que un anuncio, no hay discurso más contundente que un hecho. A veces por mucho que se hable, nos olvidamos que el emisor habla más que el mensaje y que todos tenemos experiencias distintas e interpretamos los mensajes de forma diferente.
• De igual manera, así como lo debe hacer un buen médico, hay que hacer un diagnóstico correcto, porque hay cosas que la comunicación sabe hacer y otras, que por mucho que se quiera, no puede realizar. Es mejor y más barato la prevención, sabiendo que la circulación de mensajes es tan importante como el sistema circulatorio en el cuerpo.
• Las experiencias más fascinantes de comunicación las he vivido con aquellas personas que han entendido que la comunicación es un proceso y que las percepciones hay que construirlas con mensajes que se respalden con hechos; que la comunicación va más allá de la información, que no es un proceso mágico ni que es un acarreo de información de un lado al otro; porque somos seres humanos que para confiar tenemos que creer y para creer tenemos que conocer.
• En un mundo cambiante, los comunicadores tenemos que saber cada vez más de otras disciplinas afines. Si no conocemos nuestro entorno micro y macro, la comunicación nos mantendrá con utensilios en la mano, que no servirán para nada.

La comunicación es una oportunidad de servicio para quienes nos dedicamos a ella. Prácticamente no hay ninguna profesión que no requiera de comunicación, así que no hay límite para no apoyar el área donde se quiera servir.
Muchas veces pensamos que el cambio lo van a hacer los demás y no uno mismo. La comunicación es una poderosa herramienta para ayudar a hacer ese cambio. Es fascinante porque trata de puntos de convergencia en un mundo interconectado, de ideas y de proyectos para beneficio de un país.
Espero que en el encuentro con algunos estudiantes de comunicación, pueda trasladar al menos a uno de ellos, la pasión que implica dedicarse en cuerpo y alma a la comunicación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *