A mayor simpleza, mejor

A mayor simpleza, mejor

Dice la teoría de la comunicación que el lenguaje que mejor comunica es aquel que tiene un código fuerte. Lo que parece una obviedad muchas veces es poco utilizado, empezando por los que hemos hecho de la comunicación la profesión de vida. Pero no es solo atributo nuestro, se observa con mucha frecuencia en otras disciplinas, en donde quien se expresa lo hace con un lenguaje complejo, comprensible solamente para un círculo muy pequeño de personas.

agencia de investigacion

Escrito por: Rubén Mejía

La pregunta del millón es ¿y cómo se logra un lenguaje con un código fuerte? Pregunta compleja de responder. He visto que las personas que ejercen un buen liderazgo suelen tener la particularidad de comunicarse con facilidad. Para ello hacen uso de un lenguaje sencillo y accesible, que permite que personas de diferentes estratos sociales comprendan fácilmente el mensaje que quieren transmitir. No suelen usar un lenguaje complejo, técnico ni rebuscado. Es un lenguaje con contenido, sin que le sobre ni le falte nada. Lograr eso es un arte.

El hablar cotidiano también es un buen ejemplo de ello, porque no solo es un lenguaje que es comprensible para muchas personas, sino que además tiene figuras y giros que adornan y abonan para hacerlo más entendible. Recientemente hice una entrevista y la persona me decía: si encuentro algo que me llene el ojo, seguramente lo compro. Me encantó la figura porque es una forma ingeniosa de decir: si llena mis expectativas, me interesa.

De igual forma hay infinidad de dichos o refranes que cumplen esta función. He aquí algunos ejemplos: “el patojo llorón y usted pellizcándolo” (alguien provoca conociendo la hipersensibilidad del otro), “aquí cayendo el muerto y soltando el llanto” (que las cosas se hacen rápido), “no porque los perros están debajo de los carros son mecánicos” (no todo es lo que aparenta), “era cuando los chuchos se amarraban con longanizas” (en alusión a una época pasada de bonanza) o “quién con una luz se pierde” (si hay claridad de lo que se quiere, no hay forma de equivocarse).

Con la anterior no quiero decir que si es necesario usar un lenguaje técnico o científico éste no se utilice. Mi punto es que si es factible decir lo mismo, pero con palabras más comprensibles, es mejor optar por esta segunda vía. Es interesante ver que para tener un lenguaje sencillo, que comunica, hay que tener riqueza de vocabulario y la riqueza de vocabulario la da, entre otras cosas, leer mucho. Reflexionando al respecto recordé lo que aconsejaba Tito Monterroso a los escritores: leer mucho, escribir poco y no publicar. En comunicación menos es más.

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