El silencio también comunica

El silencio también comunica

¿Les ha pasado que un silencio lo dice todo?, ¿que la respuesta más elocuente es quedarse callado?, ¿han visto cómo definen como “muy comunicativos” a los que hablan mucho y como “poco comunicativos” a los más reservados?

asesora en comunicacion

Escrito por: María José García-Salas

Solemos relacionar la comunicación con el uso de la palabra o la escritura, pero el silencio no suele recibir la misma atención, no obstante que es fundamental. Mozart resaltó su importancia, aplicado a la música: “El silencio entre las notas es tan importante como las notas mismas”.

Empecemos por ponernos de acuerdo en que el silencio no es lo mismo que no decir nada. El silencio, para que comunique, requiere que nos callemos correctamente, es decir, practicar un silencio gestionado. Tiene relación con muchos aspectos, entre ellos, la capacidad de escucha, la elocuencia, la sabiduría y la inteligencia social. En la opinión de Joseph Donuart, que escribió el tratado “El Arte de Callar”, en el siglo XVIII, callar es “un arte y una disciplina”, callar “es la elocuencia muda del cuerpo y el rostro”.

¿Cómo callar correctamente? Complejo. Podemos empezar por entender algunos de los consejos de Donuart: 1. El silencio nos permite adquirir conocimiento y sabiduría, si sabemos callar vamos a aprender; 2. Antes de hablar, analiza si tus palabras son más valiosas que el silencio;  3. Para aprender a hablar bien, primero debes aprender a callar bien; 4. Los mensajes se conforman de palabras y silencios, utiliza los silencios como recurso para expresarte de manera elocuente; 5. Un rostro en silencio puede decir más que mil palabras, utiliza la comunicación no verbal para comunicarte de forma más efectiva.

El primer paso es saber que el silencio es relevante y, bien utilizado, puede sumar a nuestra vida o mal utilizado puede restar a nuestra vida y la de los demás. Esto aplica en todos los ámbitos: laboral, familiar y social. Desde escuchar y aprender del colega que sabe mucho de un tema, escuchar la postura de un familiar que es opuesta a la nuestra en cierta situación, hasta la oportunidad  de conocer más el corazón de nuestros hijos… Todas las mañanas mi hijo de 5 años amanece platicador, lo que soñó, lo que hará, que si prefiere panqueques o cereal, que si llevará gomitas en su lonchera y después de que habló y habló, lo escuché, lo vi, me pregunta: “qué alegre, ¿verdad mama?” y la verdad es que sí… “qué alegre”, qué alegre que me callé.

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